Pero, ¿la piel vegana es una opción mejor que la piel auténtica?
Nosotros también nos hicimos esta pregunta: no está en nuestra filosofía tomar decisiones por prejuicio. Somos abiertos y curiosos por naturaleza, y si existe una forma de hacer mejor lo que ya hacemos, la probamos.
Hoy se habla muchísimo de pieles obtenidas a partir de materias primas vegetales. Por eso, hace un tiempo decidimos probar: testamos la piel de cactus, una de las soluciones más avanzadas disponibles hoy en día.
En este artículo te contamos cómo fue y cómo influyó en nuestro trabajo y en nuestra idea de «sostenibilidad».
- ¿Qué se entiende por piel vegana?
- Piel vegana de cactus: la pusimos a prueba
- Nuestra elección: piel auténtica, recuperada y curtida al vegetal
- Nuestra respuesta, hoy
¿Qué se entiende por piel vegana?
Antes de contarte nuestra experiencia, nos detenemos un momento para aclarar este concepto, porque términos como «piel vegetal», «piel sintética», «piel vegana» a menudo se usan de forma incorrecta como sinónimos, cuando en realidad indican materiales incluso muy distintos entre sí.
Una «piel vegana», de hecho, se define así cuando en su proceso de producción no intervienen derivados animales. Pero bajo esta definición entran también alternativas a la piel que de «vegetal» no tienen nada (ni mucho menos de ecológico).
Es el caso de la «piel sintética» (o polipiel) más común, esa que todos conocemos desde hace tiempo y que encontramos casi por todas partes, compuesta esencialmente de plástico derivado del petróleo (PU o PVC). Es un material francamente poco noble, que tiene una vida breve (se estropea con facilidad), pero que una vez desechado permanece en el medioambiente durante cientos de años. Además, al desgastarse con el uso, libera microplásticos muy contaminantes.
Y luego están, en cambio, las «pieles vegetales» (que no hay que confundir con la piel auténtica curtida al vegetal): biomateriales obtenidos a partir de materias primas vegetales: cactus, residuos de manzana, micelio de los hongos. Es el campo de las innovaciones más interesantes, y es en el que nos hemos centrado nosotros.
Pero atención: también en este caso, no hablamos de un material 100 % vegetal. Volveremos sobre esto más adelante.
Piel vegana de cactus: la pusimos a prueba
Volvamos entonces a nuestra prueba: pedimos piel de cactus a uno de los principales proveedores a nivel internacional y la sometimos a examen.
Las preguntas principales eran dos:
- ¿la piel de cactus es adecuada para nuestras botas?
- ¿usarla puede hacernos avanzar hacia una producción cada vez más sostenible?
Esto es lo que descubrimos.
La piel vegana de cactus tiene límites de elaboración
La construcción de una bota artesanal pasa por momentos de elaboración exigentes y delicados, como el moldeado de la puntera, que requieren altas temperaturas. Es un paso que la piel auténtica afronta sin problemas: se moldea, se adapta, aguanta.
La piel de cactus, en cambio, no aguantó: bajo el calor y la tensión, el material tendía a rasgarse.
Como mucho, habríamos podido usarla como detalle decorativo, en una pequeña parte, pero no como elemento estructural de una bota pensada para durar años. Una bota que no dura no es, por definición, un objeto sostenible.
También en la piel «vegetal» hay plástico
Todas las pieles vegetales (salvo unos pocos materiales todavía muy de nicho y caros, que no se encuentran en el comercio de masas) contienen de todos modos un porcentaje de plástico, también la de cactus.
Según análisis independientes, el porcentaje real de componente vegetal varía entre el 30 % y el 65 % del material final, al que se añaden polímeros plásticos como aglutinantes (normalmente el PU), necesarios para obtener una lámina flexible, duradera y trabajable, parecida a la piel. Es un compromiso que, a día de hoy, resulta necesario e insuperable.
Vegetal sí, biodegradable no
Esta combinación de polvo vegetal y aglutinantes plásticos conlleva un límite importante: ni siquiera las pieles vegetales como la de cactus son realmente biodegradables.
Al no poder separar la planta del plástico, de hecho, estos materiales no son reciclables y no vuelven a la tierra al final de su vida útil, y acaban alimentando el problema de la gestión de los residuos.
Nuestra elección: piel auténtica, recuperada y curtida al vegetal
Después de esta prueba, una convicción se reforzó: para nosotros la sostenibilidad no es perseguir el último material del que todos hablan, sino tomar decisiones concretas y coherentes, incluso cuando son menos vistosas.
A día de hoy, sabemos que la sostenibilidad perfecta no existe. Cada material tiene su huella en el planeta: si gana en un aspecto, pierde en otro.
Pero, después de probar las alternativas, entendimos qué es lo que nos importa: queremos producir botas que no sean «de usar y tirar», que no se conviertan en residuos al cabo de unos meses y que, una vez llegadas al final de su vida, no pesen sobre el medioambiente.
Por eso seguimos usando piel auténtica, tomando decisiones precisas sobre su procedencia.
La piel auténtica «upcycled»: un material circular
Las nuestras son pieles «upcycled», es decir, recuperadas de los residuos de la industria alimentaria. No provienen, por tanto, de animales criados con el único fin de producir piel: las pieles ya existen y, en lugar de convertirse en residuo, vuelven a la vida en forma de bota.
Piel curtida al vegetal: la verdadera biodegradabilidad
Nuestras pieles se curten rigurosamente al vegetal y, por tanto, sin el uso de sales de cromo ni metales pesados, empleados en cambio en el curtido industrial.
El curtido vegetal aprovecha los taninos naturales presentes en cortezas, maderas y hojas, y el resultado es una piel que conserva su pureza y su biodegradabilidad: al final de su vida, puede volver de verdad a la tierra.
Curtidurías certificadas LWG
Como garantía de todo esto, trabajamos solo con curtidurías asociadas certificadas LWG, que siguen procesos controlados para reducir al mínimo el impacto ambiental de cada fase de elaboración de la piel.
No es el camino más fácil, ni el más de moda. Pero es en el que creemos: una sostenibilidad hecha de materia de verdad, no de promesas.
Nuestra respuesta, hoy
Volvamos a la pregunta de la que partimos: ¿la piel vegana es una opción mejor que la piel auténtica?
La respuesta —para nuestra realidad de producción de botas camperas artesanales de calidad, por cómo trabajamos y por cómo entendemos hoy la sostenibilidad— es no. Pero no es una respuesta cerrada.
Seguiremos mirando a nuestro alrededor con la misma curiosidad de siempre, informándonos sobre materiales innovadores con espíritu abierto y crítico.
Porque la sostenibilidad, para nosotros, no es una palabra que exhibir: es un equilibrio que construir cada día, con honestidad. Un paso (y una bota) a la vez.
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